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lunes, 30 de junio de 2008

Mamut en Amealco

Expertos del INAH trabajan en la recuperación de los restos del Mamut de Amealco. Foto Diario de Querétaro.
Margarita Ladrón de Guevara
Querétaro. Los restos óseos de un mamut que habitó la zona hace al menos diez mil años fueron encontrados en la comunidad de La Piedad, en el municipio de Amealco, cuando los lugareños denunciaron al INAH la presencia de un hueso no identificado. El hallazgo constituye el segundo de la zona en cuatro años, pues ya se había encontrado un cráneo de lo que fuera un mastodonte americano. Así lo confirmó el Antropólogo Físico a cargo del Proyecto Paleontológico del Municipio de Amealco, Israel David Lara Barajas.Bajaras informó en exclusiva para DIARIO DE QUERETARO que el hallazgo consta de dos defensas (o colmillos) de mamut, cuyas medidas son de 1.90 y 2.15 metros, los cuales se encuentran en un muy buen estado de conservación. Además de las defensas, se han encontrado otros restos que podrían ser huesos, aunque precisó que todos los elementos asegurados se deberán analizar en el laboratorio para confirmar si se trata de restos del mismo mamut o de algún otro animal. El descubrimiento se hizo el 2 de abril de este año y un mes después inició su recuperación.La antigüedad del mamut y del mastodonte americano hallados es de al menos diez mil años, aseguró Lara, quien agregó que ahí existía un río debido a la presencia de cantos rodados sobre los cuales se encontraban los huesos. Si bien aclaró que es muy pronto para describir cómo era el ambiente, la flora y demás fauna del lugar, hay que destacar que los colmillos fueron encontrados a 64 metros de donde hace cuatro años se rescató el cráneo del mastodonte, cuyo físico es similar al elefante africano actual.Tampoco se determinó la edad del mamut en el momento de morir ni las causas de su muerte, pero adelantó que exploraciones que se han realizado por esta zona reportan la presencia de vértebras y una costilla que serán analizadas posteriormente. Actualmente se está realizando un trabajo formal de excavación con varios arqueólogos asesorados por paleontólogos y geoarqueólogos en la zona de aproximadamente 50 metros que ya está asegurada por la policía para evitar saqueos.¿Por qué no se continuó la excavación cuando hubo el primer hallazgo en septiembre de 2004?"Porque no había condiciones para llevar a cabo un proyecto de rescate de manera formal; se quedó el registro y en la actualidad se dieron las facilidades por parte del Gobierno municipal que cabe señalar que está muy interesado en que se lleve a cabo el trabajo de investigación tanto del sitio como de los restos para que posteriormente le otorgue un atractivo turístico al municipio".¿Sabe INAH cómo era el ambiente y la vida cotidiana de los habitantes de esa región hace 10 mil años?"En este caso habrá que hacer un estudio mucho más específico para determinar la flora y fauna, y de momento tenemos la certeza de un mastodonte americano y un mamut, posteriormente tendremos que analizar los demás restos en un laboratorio que determinarán de qué otros animales se trata".En este Proyecto Paleontológico del municipio de Amealco, participa la subdirección de laboratorios y apoyo académico del INAH en colaboración con el centro INAH-Querétaro.

Tomado de: http://www.oem.com.mx/elheraldodetabasco/notas/n751892.htm

El ojo artificial más viejo del mundo tiene unos 5.000 años de antigüedad

El resto fue localizado el pasado otoño en un desierto de Irán
- Hasta el último hallazgo se creía que las prótesis tenían entre 400 y 450 años

El ojo artificial más viejo del mundo, hallado en otoño de 2006 en una región desértica de Irán, tiene unos 5.000 años de antigüedad, aunque aún hoy son muchos los enigmas que quedan por desvelar de esta misteriosa pieza, que ha revolucionado el conocimiento de la instrumentación de la óptica antigua
El investigador estadounidense Jay Enoch, catedrático de Optometría de la Universidad de Berkeley (EEUU), ha explicado que este hallazgo fue del todo inesperado, ya que hasta entonces los ojos artificiales más antiguos que se conocían tenían entre 400 y 450 años, es decir, casi 4.500 años menos que el de Irán.
Un grupo de arqueólogos iraníes e italianos encontró este asombroso ojo en una de las más de 40.000 tumbas que conforman el yacimiento de Ciudad Quemada, un poblado preindoeuropeo que durante más de un milenio fue un importante centro agrícola y de intercambio comercial.
El ojo, un hemisferio ya ennegrecido de unos 25 milímetros de diámetro, estaba incrustado en la órbita izquierda del cráneo de una mujer de entre 25 y 30 años de edad, de alta clase social, que estaba enterrada en la tumba número 6.708 de la necrópolis de Shahr-i Sokhte.
La mujer, que había sido sepultada junto con un espejo, tenía rasgos africanos y medía cerca de dos metros, una altura del todo atípica entre las mujeres iraníes de la época, que no solían medir más de un metro y medio.
El ojo artificial estaba hecho de betún, un material resinoso, similar al alquitrán, mezclado con grasa animal, y tenía dos pequeños orificios, uno en cada extremo, que permitían, con una cuerda, sostener el ojo al modo de un parche en la cabeza.
Para Enoch, uno de los aspectos más fascinantes del hallazgo es el intento de verosimilitud de la pieza, ya que ésta tenía grabado un iris y unas pequeñas líneas paralelas que imitaban las venas capilares del ojo, que estaban rellenas de finas hebras de oro, mientras que el resto estaba pintado de blanco, imitando, en la medida de lo posible, los rasgos del ojo humano.
Se sabe también que la mujer, posiblemente una sacerdotisa, hacía años que llevaba el ojo artificial, ya que las cuerdas que lo sustentaban en la cuenca habían desgastado levemente los huesos de su cabeza.
Más allá de estos datos, poco se sabe de la procedencia de esta singular estructura óptica y de la misteriosa mujer que lo llevaba, por lo que quedan aún muchas preguntas sin responder, como dónde fue construido el ojo, de dónde provenía la mujer, cuál fue la causa de su ceguera y de su posterior muerte o si se trata del primer objeto fabricado de estas características.
Enoch no ha podido visitar la necrópolis de Shahr-i Sokhte ni hablar con los arqueólogos responsables del yacimiento de Ciudad Quemada, pese a que lo ha intentado en diversas ocasiones, aunque, aún así, se ha aventurado a formular algunas hipótesis al respecto a partir de la documentación publicada sobre este hallazgo.
Este experto sostiene que la mujer llevaba puesto el ojo falso debajo del párpado, lo que debía ser tremendamente molesto, teniendo en cuenta que cualquier lente mal puesta o incluso una mota de polvo causa una gran molestia ocular.
"Si lo llevaba debajo del párpado, lo más seguro es que la mujer no tuviera ojo", señala Enoch, que aventura que la joven podría haber sufrido una enfermedad conocida como "Phitisis bulbi", que atrofia el globo ocular hasta reducirlo "al tamaño de un guisante".
En cuanto al origen de la mujer, este investigador apuesta a que procedía de Egipto, ya que el espejo hallado en su tumba tenía un pequeño mango inferior, al estilo de los que se construían hace miles de años en Oriente Próximo.
Enoch, que esta semana ha hablado del primer ojo artificial en el museo Cosmocaixa de Barcelona, ha instado a los arqueólogos iraníes a seguir investigando sobre esta misteriosa pieza para intentar responder a las numerosas incógnitas que aún quedan en el aire.
Tomado de: http://www.diariodenavarra.es/20080630/culturaysociedad/el-ojo-artificial-viejo-mundo-tiene-unos-5-000-anos-antiguedad.html?not=2008063011523240&idnot=2008063011523240&dia=20080630&seccion=culturaysociedad&seccion2=culturaysociedad&chnl=40

Los ancestros del Bajo Guadalquivir

POR LOLA RODRÍGUEZ. SEVILLA
La comarca del Bajo Guadalquivir jugó un importante papel en la Hispania romana como zona densamente poblada y rica en recursos naturales. La región estaba organizada en «centros de poder» que, en la mayoría de los casos, cayeron en decadencia a partir del siglo II después de Cristo. Tras cinco años de investigaciones, un grupo de arqueólogos de la Universidad de Sevilla, ha confirmado esta teoría histórica con las evidencias materiales extraídas de casi 80 yacimientos romanos hallados en las provincias de Sevilla y Cádiz.
La Hispalense vuelve a ser noticia por sus investigaciones arqueológicas. En esta ocasión han sido los profesores del Departamento de Prehistoria y Arqueología, José Beltrán Fortes y José Luis Escacena Carrasco los que, durante un lustro, han coordinado con éxito el trabajo en equipo de unos quince arqueólogos, profesores, licenciados y estudiantes de la Facultad de Geografía e Historia, quienes se han sumergido de lleno en el análisis del poblamiento en la Bética Romana, «una rica región que la Roma imperial aprovechó en toda su extensión, desde la sierra de Cádiz hasta la zona más baja de las marismas, sirviéndose su economía de la agricultura, la minería, las salazones de pescado, etc.».
Tras las prospecciones arqueológicas, el equipo ha cartografiado y documentado 50 yacimientos en el término municipal de Las Cabezas de San Juan -en el cerro Mariana, en el solar del Ayuntamiento o junto a la parroquia de San Juan Bautista- y 14 en Utrera -sin haber colmatado su término municipal- , por un lado, así como 15 en la gaditana Espera, donde los arqueólogos han identificado el yacimiento de Esperilla con la ciudad romana de Cappa, localizando el asentamiento humano al borde del antiguo camino que conduce hacia Medina Sidonia y Barbate
El profesor Beltrán explica que el proyecto, apoyado económicamente por la Consejería de Cultura, está concebido en dos fases: la primera, que finalizará tras el trabajo en Bornos -con especial interés para el yacimiento de Carissa Aurelia-, aborda la prospección de todo el territorio y el trabajo documental mediante la estratografía o el estudio vertical del suelo de todo el territorio «para conocer la secuencia cronológica de la presencia del hombre, la importancia de cada momento, etc». La segunda etapa abordará de lleno uno de los objetivos más importantes del proyecto, «las excavaciones en extensión, aprovechando los yacimientos despoblados, fuera de las zonas construidas actualmente, para conocer la arquitectura y el urbanismo de las poblaciones de la antigüedad». En este sentido, el profesor Beltrán lanza un mensaje a la administración pública «para que no sólo se realicen excavaciones arqueológicas de urgencia, con motivo de las obras, del urbanismo, etc., sino que se conviertan en un hábito, en algo frecuente, guiado por la necesidad de conocer nuestros orígenes e historia, y así contribuir al interés cultural público».
Objetos que «hablan»
El hallazgo de monedas, objetos metálicos y piezas de cerámica están ayudando a reconstruir el pasado romano de esta región. Los vestigios prueban la densa población que habitaba el Bajo Guadalquivir durante la dominación, así como el apogeo que la civilización romana tuvo en esta zona. José Beltrán incide en que el objetivo del proyecto es doble, «por un lado llevar a cabo el estudio histórico de la ocupación humana del sector indicado entre el siglo III a.C. hasta la tardoantigüedad, en el siglo V d.C., para identificar los modelos diacrónicos de ocupación del territorio, que tenían a la ciudad como unidad básica de vertebración». Por otro lado, el proyecto también plantea «promocionar políticas de tutela del patrimonio arqueológico, colaborando con los respectivos entes locales». En este sentido, según Beltrán, tanto el Ayuntamiento de Las Cabezas como el de Espera han colaborado en este trabajo y pondrán en marcha museos municipales para exponer sus resultados.
Tomado de: http://www.abcdesevilla.es/20080630/cultura-cultura/ancestros-bajo-guadalquivir_200806300305.html

Estudian enigmáticos monolitos

Un investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha resuelto —en parte— el enigma que envuelve a rocas monumentales ubicadas en un sitio aqueológico en la sierra de Jalisco, mismo que habría servido como observatorio prehispánico.
En el lugar —enclavado en una elevación denominada Las Águilas, en Cuautla y a unos mil 500 metros de altitud— sobresalen tres monolitos, además de construcciones circulares y rocas supuestamente grabadas con glifos alrededor.
La tradición oral, documentada por el cronista Miguel Mora, refiere que durante los cambios estacionales la luz solar penetra por una hendidura que se forma entre las tres rocas —la mayor de las cuales alcanza cinco metros de alto— e ilumina una cuarta ubicada detrás de ellas.
Dicho fenómeno natural habría sido, entonces, un importante referente astronómico para los hipotéticos antiguos observadores. Las leyendas locales también consignan que la inusual formación rocosa habría servido a propósitos ceremoniales.
Sin embargo, una primera exploración de superficie realizada por el arqueólogo Otto Schöndube, del Museo Regional de Jalisco, arrojó conclusiones que descartan gran parte de esas creencias populares.
Tras efectuar un recorrido para hacer mediciones y tomar muestras de roca, el especialista del INAH determinó que pese a su llamativa disposición alineada, que parece obra humana, las rocas son formaciones geológicas de origen volcánico.
Sólo después de formarse —explica el especialista en entrevista— habrían captado la atención de antiguos pobladores indígenas: “Las aperturas entre las tres rocas pudieron servir como punto de alineación para observar la salida o puesta del Sol en momentos calendáricos importantes”.
¿Centro ceremonial?
Otra versión desmentida por Schöndube es que el lugar haya servido a propósitos ceremoniales, como veneración de dioses, pues las evidencias arqueológicas son escasas.
“No estoy tan seguro que a los indígenas les haya importado mucho, porque hay pocos restos de manufactura humana en los alrededores del cerro. Si hubiera sido un santuario muy importante, a la mejor encontraríamos más evidencias —de elementos constructivos, como tepalcates, cimentación—, pero yo veo restos muy pobres”, añade el especialista del INAH .
El arqueólogo identificó en el suelo círculos hechos al parecer artificialmente, pero enfatizó la necesidad de excavar mucho más para verificar los materiales de construcción, pues podría tratarse de una edificación de origen no prehispánico.
Tampoco pudo confirmar la existencia de petroglifos —grabados en las rocas—, que en Occidente se usaron para marcar sitios sagrados en el periodo comprendido entre el 700 al mil 200 d.C. y que se dice existen en los alrededores de Las Águilas.
Esta hipótesis está apoyada en textos de Joseph B. Mountjoy, de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, quien ha encontrado evidencias arqueológicas en Nayarit y Jalisco de ritos de renovación ligados al cambio estacional desde la llegada de los primeros agricultores, hacia el año 1000 de nuestra era.
Con todo, reconoce que para despejar las incógnitas es preciso efectuar más estudios arqueológicos, geológicos y astronómicos en el sitio. Por ello, ya recomendó a las autoridades del municipio solicitar una investigación al Instituto de Geografía de la Universidad de Guadalajara.
Ahí, dijo, tendría que hacerse otro recorrido para ver los materiales de superficie, si hay restos de estructuras hechas por el hombre, además de estudios astronómicos precisos.
Tomado de: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/56615.html

Hallazgo explica tránsito de vida acuática a terrestre


La evolución de animales vertebrados acuáticos a terrestres ocurrió durante el último periodo Devoniano -hace 380 a 360 millones de años- y requirió muchos cambios fisiológicos y morfológicos.
Un fósil muy bien conservado del pez tetrápodo Ventastega curonica, que vivió hace más de 300 millones de años, aporta nuevas claves para comprender cómo fue la transición de los animales acuáticos a los terrestres, según un estudio publicado por la revista científica británica "Nature".
Un equipo de la Universidad de Upsala (Suecia) ha descrito el cráneo, los huesos del hombro y una parte de la pelvis del Ventastega fosilizado, descubierto en un yacimiento de Letonia.
Esta especie tiene el cráneo como el de un primitivo tetrápodo, pero sus proporciones son más parecidas a las de un pez y su mandíbula está a medio camino entre ambos.
El Ventastega ya ha experimentado cambios en la forma de la cabeza con respecto a sus antepasados, con los ojos y el morro más grande y un cráneo que empieza a encoger.
Los científicos aseguran que esta especie ocupa el hueco morfológico evolutivo entre el pez de aletas lobuladas Tiktaalik y los primitivos tetrápodos, como Acanthostega e Ichtyostega.
Según el equipo investigador, este estudio constata que estos animales se diversificaron mucho antes de lo pensado y ayuda a reconstruir la secuencia de eventos que fue haciendo posible esta evolución animal.
La evolución de animales vertebrados acuáticos a terrestres ocurrió durante el último periodo Devoniano -hace 380 a 360 millones de años- y requirió muchos cambios fisiológicos y morfológicos.
En los veinte últimos años, los científicos han comenzado a unir piezas para saber cómo ocurrió esta transición aunque los avances son lentos debido al mal estado en el que se encuentran los fósiles, a menudo hechos añicos.