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domingo, 30 de noviembre de 2008

Un hallazgo arqueológico singular. El escudo de Togores

Pieza blasonada con las armas de Togores

BARTOMEU BESTARD (*) Hace unos días Diario de Mallorca publicaba el sorprendente hallazgo que tuvo lugar en el Puig de sa Morisca (Santa Ponça) por el equipo de arqueólogos dirigidos por los profesores de la UIB Víctor Guerrero y Manel Calvo. Un pequeño escudo de metal, un pinjante, que debió ornamentar la armadura de algún caballero medieval fue encontrado entre otros restos musulmanes. Al parecer, el contexto en que fueron encontrados data del siglo XIII, y podría pertenecer a restos del desembarco de Jaime I en la cala de Santa Ponça (1229). La pieza, una vez restaurada, ha descubierto un bello escudo que presenta un contorno arcaico -con la punta inferior redondeada- encuadrado en una orla polilobulada, diseño utilizado comúnmente en Cataluña durante el siglo XIII. El escudo está cargado con la figura heráldica del grifo, criatura -mitad león, mitad águila- proveniente del bestiario de la Antigüedad y que desde los inicios del uso del blasón ha formado parte del repertorio heráldico europeo. Por tanto, su diseño nos indica una factura del siglo XIII, coincidiendo con la datación propuesta por los arqueólogos. Si uno se sitúa en la cima del Puig de sa Morisca, lugar del yacimiento arqueológico, enseguida se da cuenta de que se trata de un excelente emplazamiento estratégico, desde donde se controla una amplia zona. Por tanto, no es de extrañar que después del desembarco de las tropas de Jaime I, en Santa Ponça, ese montículo fuese el primer objetivo militar. El cronista Bernat Desclot describe así la escena una vez tomado tierra: "E aquí viren un bell puig alt e escarit [?] En Ramon de Montcada fo aparellat dels primers e fo al puig amb gran res d´altres gents, e viuren venir los sarraïns que eren a la Palomera". Jaime I en su "Llibre dels fets", añade que los caballeros que encabezaron la toma del Puig fueron: Nunyo Sans, Ramon de Montcada, el maestre del Temple, Bernat de Santa Eugenia y Gelabert de Cruïlles. Sabemos que ninguno de estos caballeros portaban como armas un grifo en su escudo. De hecho se han conservado algunas pinturas de la época en las cuales aparecen blasonadas con las armas de esos linajes, lo que permite conocer con certeza las piezas y figuras heráldicas que usaban. Ahora bien, con los Montcadas, -concretamente con Guillem (II) de Montcada, vizconde de Bearn- venían algunos miembros del linaje de Togores -futuros condes de Ayamans-, provenientes de la Gascuña y deudos de los Montcadas. Estos Togores sí tenían como escudo un grifo. El capuchino fray Cayetano de Mallorca, en 1746, publicó el libro "Loseta ilustrada". Según fra Cayetano hacia 1174 la vizcondesa viuda de Bearn, condesa de Castellvell, donó a sus parientes los Togores un castillo en la Gascuña, que tomó el nombre de sus moradores. El cronista Vicent Mut va más lejos y afirma que los Togores pertenecían a la casa de los Montcada-Bearn. El genealogista José Ramis de Ayreflor, nos cuenta que Bernat de Togores concurrió a las Cortes Generales de Barcelona convocadas por Jaime I para tratar el tema de la conquista de Mallorca. Él no fue, pero envió a dos hijos suyos: Arnau y Guillem. La estrecha vinculación de los Togores con los Montcada también queda reflejada en las tierras que recibió Arnau, después de la conquista de Mallorca (Guillem pasó a Valencia) por parte de los vizcondes de Bearn. En el libro de fray Cayetano, leemos: "La parte de Guillem de Montcada [muerto en la batalla de Porto Pi] tuvo en Sóller y Canarossa. A este último término pertenecían Loseta y Ayamans, según consta de la donación de estas tierras, hecha por Garsenda [de Provenza, viuda de Guillem de Montcada] y por el señor Gastó [VII] su hijo, a los 4 idus de febrero de 1232, a favor de Arnaldo de Togores". Como dato curioso diremos que ese es el motivo por el cual el Ayuntamiento de Lloseta tiene como escudo municipal un grifo, el de sus antiguos propietarios feudales: los Togores.Ante todos estos datos no es aventurado afirmar que Arnau de Togores, y también su hermano Guillem, debieron acompañar a los Montcada durante la campaña de Mallorca. Los Togores debieron formar parte de esa primera expedición al estratégico Puig de sa Morisca, acompañando a los Montcada. Quizás allí a uno de los hermanos Togores se le desprendiera esa pieza blasonada con las armas de su linaje. Ahora, casi ochocientos años después, ha sido encontrada por el equipo de arqueólogos de la UIB, convirtiéndose en uno de los pocos restos materiales conservado de aquel importante episodio de la historia de Mallorca.
(*) Cronista de la ciudad
Tomado de: http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008113000_4_414353__Diario-de-Palma-hallazgo-arqueologico-singular-escudo-Togores

Descubren sitios arqueológicos en la Cordillera Septentrional

Javier Valdivia


PUERTO JUANITA, Montecristi.- La accidentada pendiente no desanima a Rafo Sánchez que a doscientos metros sobre el nivel del mar, sin agitarse y sin derramar una gota de sudor, avanza a trancos hasta la cima de una colina bautizada como el nombre de un pariente suyo.
“Antes venía aquí a sembrar tabaco”, dice este hombre de casi 60 años, que con el tiempo ha aprendido a sacar de la tierra un producto de otro género.
Son piezas arqueológicas de incalculable valor que se encuentran debajo del centenar de montículos esparcidos en esta colina conocida hoy como Julio Martínez, en la vertiente norte de la Cordillera Septentrional, y recién documentada por expertos del Museo del Hombre Dominicano (MHD) y de la Universidad italiana de La Sapienza de Roma.
“Es el proyecto más importante que estamos realizando en el Noroeste de La Hispaniola, un lugar poco estudiado hasta ahora”, afirma Jorge Ulloa, arqueólogo del MHD encargado de la investigación por la parte dominicana.
Ulloa, Adriano Rivera, un colaborador local, y Petrucci Giovanni, Alicia Angeletti y Alfredo Coppa (investigador que dirige el proyecto por la parte italiana) de La Sapienza, estudian más de 35 asentamientos precolombinos salpicados por toda esta vasta región, cuyos restos permiten suponer la presencia de una densidad poblacional tan alta que incluso traspasa la frontera actual y se introduce en territorio haitiano.
CoexistenciaPero lo más relevante todavía es que las excavaciones podrían confirmar la coexistencia de taínos y macoriges (de macorix), dos de las más importantes comunidades indígenas que habitaron la isla antes de la llegada de los españoles.
La interrelación entre ambas culturas ya había sido establecida por estudios anteriores de asentamientos ubicados en la ruta seguida por Colón desde La Isabela hasta Jánico, cuando éste atravesó la Cordillera Septentrional hasta penetrar en el valle del Cibao, a través del paso de Los Hidalgos, pero el tema de la coexistencia es algo nuevo.
“No se puede asegurar todavía, pero dada la gran profusión y concentración de asentamientos pudiera tratarse de un cacicazgo o parte de los procesos de concentración poblacional y política que condujeron a éste”, dijo Ulloa a LISTÍN DIARIO.
La huella de un pequeño río que posiblemente dio de beber a los pobladores de este lugar permanece intacta en la ladera izquierda de la colina.
En la cima, donde corre un viento fresco y el calor es más llevadero, miles de restos de conchas marinas, de vasijas y bandejas de barro (burenes para hacer casabe), guayos de laja de coral, punzones en conchas de lambí y hasta instrumentos musicales de viento (fututos) están esparcidos y se pueden ver a simple vista.
Cultura dominanteEl centenar de montículos, en la práctica basureros (algunos de más de metro y medio de profundidad) que cada familia indígena amontonaba al lado de sus viviendas, es la evidencia más clara de la presencia humana en esta parte de la isla, que podría situarse entre los siglos VIII y XV después de Cristo, aunque según Ulloa los estudios confirmarán si se trata de una población que pudo haber vivido en el lugar por mucho más tiempo.
“En un sitio hay evidencias de otras culturas”, afirmó. “Podría ser el resultado de un proceso de síntesis (del período antes señalado)”.
Hasta ahora se ha sabido que los taínos fueron en algún momento la cultura dominante y que coexistieron con otras como los ciguayos y macoriges, a quienes Marcio Veloz Maggiolo, en su libro “Arqueología prehistórica de Santo Domingo”, ubica precisamente en la zona donde el Museo del Hombre Dominicano y La Sapienza llevan a cabo el estudio.
“Ciguayos y macoriges, pobladores naturales de esta región, podrían unificarse en un solo grupo por su continuidad geográfica desde Samaná hasta el norte de la Cordillera Central y la Cordillera Septentrional”, dice el prominente arqueólogo dominicano.
“Su lengua no era la general de las islas, y hasta el momento, los pocos restos de la región ciguaya asimilan a sus pobladores a la tradición cultural taína, por lo que podría tratarse de un bolsillo o un bolsón cultural, que si en principio pudo tener cultura diferente de la taína, aparece aculturado para el taíno final”, agrega Veloz en su libro.
Esto es precisamente lo que pretende determinar la nueva investigación en un período de tres años.
Los primeros sondeos y estudios en la zona, que se extienden alrededor de Estero Hondo, entre el Atlántico y la Cordillera Septentrional, en el límite que separa a Montecristi de Puerto Plata, se iniciaron en julio del 2007 con el apoyo de la Universidad holandesa de Leiden y la participación de la arqueóloga alemana Alexa Voss, aunque los principales resultados se han obtenido en los últimos meses cuando el Museo del Hombre Dominicano y la Universidad italiana de La Sapienza incrementaron sus esfuerzos de investigación en el lugar, lo que generó la localización y el reporte sobre la existencia de una mayor cantidad de sitios arqueológicos.
Mapa de prospección La figura clave para la intervención de las autoridades fue Adriano Rivera, un maestro jubilado y ex director de escuela que reside en Imbert, Puerto Plata, y que tras cuarenta años de servicio en el magisterio decidió dedicarse de lleno a la arqueología.
Por lo menos dos veces por mes Rivera visita los asentamientos para enumerarlos, registrarlos y reconocer los restos encontrados en cada uno de los sitios de nombres tan variados como Los Pérez, Humilde López, Los Corniel, Los Muertos (donde se encontraron restos óseos) y Julio Martínez.
“Es una zona arqueológica muy importante”, asegura Ulloa, el experto del MHD, al referirse a los yacimientos ubicados a poco más de 2,000 kilómetros de las costas que bañan el Atlántico.
La investigación contempla además la elaboración de un mapa de prospección arqueológica de toda la región que permitirá preservar o al menos contribuir al rescate del lugar del impacto del desarrollo turístico que ya empieza a desarrollarse en la zona.
Y de la expoliación: el saqueo de objetos que se encuentran en sitios arqueológicos por los que intermediarios, y muchas veces especialistas, pagan poco para luego revenderlos más caros a coleccionistas privados, tanto en el país como en el extranjero, así como a importantes museos en todo del mundo.
En la Cordillera Septentrional, en el noroeste de República Dominicana, Rafo Sánchez, el dueño de los terrenos que colindan con el de su extinto primo Julio Martínez, confirma lo antes dicho.
“Por aquí estuvieron recién”, dice el viejo agricultor mientras desecha lo que no sirve y mete en un saco piezas precolombinas que ha aprendido a reconocer casi tan bien como las hojas de tabaco.
Tomado de: http://www.listindiario.com.do/app/article.aspx?id=82933