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domingo, 17 de agosto de 2008

La Carisa, historia en una moneda

El as de bronce hallado en el entorno de la vía Carisa. reproducción de fernando geijo

La aparición de un as de bronce del año 45 antes de Cristo confirma al campamento de Curriechos como el primer asentamiento romano en Asturias

Aller / Lena, José A. ORDÓÑEZ
Un nuevo hallazgo numismático de relevancia consolida el carácter militar del campamento de La Carisa y confirma que es el primer asentamiento romano en Asturias. Se trata de una moneda acuñada por Cneo Pompeyo, emitida hacia el 46-45 antes de Cristo para el pago de la tropa que participó en la batalla de Munda, choque bélico que tuvo lugar en unas campiñas ubicadas entre Córdoba y Sevilla y que, a la postre, decidió las guerras civiles entre Julio César y el partido pompeyano. La moneda es un as de bronce que presenta en su anverso la figura de una cabeza bicéfala de Jano, el dios romano de la guerra, y en el reverso la proa de un barco, representación de la República romana. La pieza habría llegado a La Carisa con las legiones V Alaudae y X Gémina, que tomaron parte en el enfrentamiento de Munda y que unos años después estuvieron bajo las órdenes de Publio Carisio en las guerras cántabras, alojándose, con probabilidad, en el campamento del monte Curriechos. La moneda ha sido localizada por Jorge Camino, Rogelio Estrada y Yolanda Viniegra, el equipo arqueológico que desde hace años investiga el yacimiento astur-romano de La Carisa. La pieza fue clasificada numismáticamente tras un exhaustivo tratamiento de limpieza efectuado por el restaurador Carlos Álvarez Chirveches. Su estudio ha permitido concluir que se trata de una acuñación de Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo el Grande y uno de los cabecillas del partido pompeyano, el que se enfrentó a Julio César en las guerras civiles en pos del poder en Roma, desarrolladas en gran parte en tierras hispanas. Viniegra, Camino y Estrada confirman que se trata de un as de bronce que se emitió en el 46-45 antes de Cristo, muy posiblemente en Córdoba, para pagar a la tropa que tomó parte en la transcendental batalla de Munda, en la que se produjo la derrota definitiva del ejército pompeyano. Pese al resultado final, el desenlace del choque militar estuvo en el aire, lo que obligó a que Julio César participase en el combate con la cabeza descubierta para reforzar el ardor guerrero de sus tropas al reconocerlo. La de Munda fue la última batalla en la que Julio César participó personalmente. Su oponente, Cneo Pompeyo, resultó herido, pese a lo cual pudo huir, acompañado de unos cuantos fieles, para refugiarse en la serranía de Ronda. Sin embargo, fue descubierto por las tropas enemigas, que le mataron en la cueva en la que se había escondido. Las crónicas romanas confirman que en la batalla de Munda participaron, integradas en el ejército de Julio César, las legiones V Alaudae y X Gémina, las mismas que años después compondrían el contingente militar que, a las órdenes de Publio Carisio, luchó en las guerras cántabras y se alojó en el campamento erigido por las tropas imperiales en el monte Curriechos, a un paso de la vía Carisa. Los arqueólogos que estudian el enclave sostienen que el hecho de que sean las mismas tropas que lucharon en Munda las que tomaron parte en las batallas contra los astures confirma la gran experiencia y solvencia militar de los ejércitos que se enfrentaron a los indígenas y que vencieron su legendaria resistencia en las cumbres ubicadas en el límite geográfico entre los actuales concejos de Lena y de Aller.
Tomado de: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008081700_39_666851__Caudal-Carisa-historia-moneda



La edad sí importa en La Carisa
Tres laboratorios determinarán, con el carbono 14, si las murallas astures de Homón son contemporáneas del campamento romano de Curriechos
Aitana CASTAÑO Curriechos (Lena / Aller), Unas maderas del suelo de una de las murallas astures de Homón de Faro. Éste es el cartucho que los responsables de la excavación arqueológica de La Carisa van a quemar para ver si las fortificaciones nativas pertenecen a la misma época que el campamento romano de Curriechos. No es la última oportunidad para dar por buena la primera hipótesis sobre lo que ocurrió en la zona (la que defiende que la todopoderosa Roma se topó entre los concejos de Lena y Aller con un ejército de astures dispuestos a plantarle cara y batalla), pero sí es un momento clave de toda la investigación. Aquí, la edad de las piedras sí importa. Los resultados se conocerán en septiembre, tal vez en octubre, durante la celebración, en Oviedo, del congreso titulado «En los orígenes del Reino de Asturias. Causas políticas y militares». Pase lo que pase, los arqueólogos e historiadores que están trabajando en La Carisa lo tienen claro: «Estos restos son importantes per se; si las pruebas de carbono 14 nos dicen que las fortificaciones no están datadas en la misma época que el campamento romano, seguiremos investigando hasta dar con la causa que llevó a un pueblo a construir estas murallas, porque lo que está claro es que se sentían amenazados, temían a alguien que venía por esta vía romana», explica el general Francisco Ramos Oliver, historiador y miembro del equipo de investigadores del yacimiento. Las muestras de madera que configuran el ADN de La Carisa serán remitidas a tres laboratorios diferentes en Miami, Suecia y Madrid, «para contrastar los resultados», explica Jorge Camino, uno de los arqueólogos. Es un paso difícil, pero necesario. Complicado porque las mismas pruebas del carbono 14 ya dijeron una vez que las murallas astures eran del siglo VII o VIII después de Cristo, ochocientos años después de lo que se creía, de lo que se esperaba. Pero las conclusiones de la prueba de datación también son necesarias porque ayudarán a «aclarar» las causas de la existencia de un enclave que «aún guarda muchos secretos». Y es precisamente lo que aún no se sabe de La Carisa lo que le confiere ese halo de importancia. En apenas un kilómetro y medio se ubican tres elementos claves: el campamento romano (en lo alto del pico Curriechos), la vía de La Carisa (que comunicaba León con Gijón) y las dos fortificaciones de Homón de Faro, que funcionan como un auténtico candado para la carretera. «La existencia de un campamento romano con las características defensivas que tiene el de Curriechos demuestra que Roma veía en Asturias una amenaza importante», señala el general Ramos, que apunta datos maravillosos: «A pleno rendimiento, este campamento podría acoger hasta 3.000 soldados», o que «la caravana de carros y bueyes para surtir a la tropa en La Carisa podría llegar a ser de 15 kilómetros de largo». Las explicaciones de Ramos y Camino tienen la capacidad de crear visiones. «La vía La Carisa, pese a cruzar toda una cordillera, tan sólo cuenta con una media de un 5 por ciento de desnivel, toda una proeza estratégica que permitía andar a unos 10 kilómetros por hora», señala Camino. Y junto a todo ello, las misteriosas murallas astures confeccionadas con arte y maña. «O las tiras o te das la vuelta. Están situadas en el mejor sitio», explica Ramos, que defiende que «diga lo que diga el carbono 14, lo único claro es que aquí se quiso plantar cara a alguien».
Tomado de: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008082500_38_669199__Cuencas-edad-importa-Carisa

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